LA NATURALEZA
Johann Wolfgang Goethe
¡Naturaleza! Por ella estamos rodeados
y envueltos, incapaces de salir de ella e incapaces de penetrar más profundamente en
ella. Sin ser requerida y sin avisar nos arrastra en el torbellino de su danza y se mueve
con nosotros hasta que, cansados, caemos
rendidos en sus brazos.
Crea eternamente nuevas formas; lo
que aquí es, antes aún no había sido jamás;
lo que fue no vuelve a ser de nuevo. Todo es
nuevo y, sin embargo, siempre antiguo.
Vivimos en su seno y le somos extraños. Habla continuamente con nosotros y no
nos revela su secreto. Actuamos constantemente sobre ella y, sin embargo, no tenemos
sobre ella ningún poder.
Parece haberlo orientado todo sobre la
individualidad y nada le importan los individuos. Construye siempre y siempre destruye, y su taller es inaccesible.
Vive toda en sus hijos, pero la madre
¿dónde está? Es la artista única que, desde la materia más simple, alcanza los más
grandes contrastes, y sin apariencia de esfuerzo se eleva a la máxima perfección -a la
más rigurosa determinación, siempre impregnada de cierta delicadeza-. Cada una
de sus obras tiene una esencia propia, cada
una de sus manifestaciones tiene el concepto más aislado, y, sin embargo, forman un
todo único.
Ella recita un drama: no sabemos si
ella misma lo contempla y, sin embargo, lo
recita para nosotros, espectadores sentados
en un rincón.
En ella hay eterna vida, un eterno devenir, un perpetuo movimiento, y, sin embargo, no da pasos hacia delante. Se transforma eternamente y no hay en ella ni un
momento de quietud. El detenerse no tiene
para ella significado, y su maldición pesa
sobre la inmovilidad. Es firme. Su paso es
mesurado, sus excepciones raras, sus leyes
invariables.Ha pensado y medita constantemente,
pero no como un hombre, sino como naturaleza. Se ha reservado un significado propio omniabarcante, que nadie puede captar.
Los hombres están todos en ella y ella
está en todos. Con todos la naturaleza lleva
a cabo un amigable juego y se alegra tanto
más cuanto más se la vence. Con muchos su
juego es tan secreto que acaban antes de
que se den cuenta de él.
También lo más desnaturalizado es
naturaleza, también el filisteísmo más ramplón tiene algo de su genio. Quien no la ve
por doquier, no la ve en ninguna parte de
manera justa.
Se ama a sí misma y tiene fijos eternamente en sí misma innumerables ojos y
corazones. Se ha separado en sí misma para
poderse gozar. Hace nacer siempre otras
criaturas que la gocen en el deseo insaciable
de comunicarse. Se complace en la ilusión, y quien destruye esta ilusión en sí y en los otros es castigado por la naturaleza como por el tirano
más severo. A quien la sigue confiadamente, lo estrecha como a su hijo contra su corazón.
Sus hijos son innumerables. Con ninguno, en general, es avara, pero tiene predilectos con los que se prodiga mucho y a los
que sacrifica mucho. Lo que es grande lo
tiene bajo su protección.
Hace brotar sus criaturas de la nada, y
no les dice ni de dónde vienen ni a dónde
van. Sólo deben correr; ella conoce el camino.
Tiene pocos resortes, pero nunca están
inertes, sino siempre operantes, multiformes siempre.
Su drama es siempre nuevo, pues crea
siempre nuevos espectadores. La vida es su
hallazgo más bello, y la muerte su estratagema para tener más vida. Envuelve al hombre en la oscuridad y
lo empuja eternamente hacia la luz. Le hace
dependiente de la tierra, torpe y grave, pero
siempre de nuevo le hace despabilar.
Suscita necesidades porque le gusta el
movimiento; la maravilla es que obtenga
tanto movimiento con medios tan limitados.
Cada necesidad es un beneficio: tan pronto
satisfecha y tan pronto de nuevo vuelta a
suscitarse. Constituye una nueva fuente de
placer hacer que esto dé de sí el máximo,
pero enseguida la naturaleza restablece el
equilibrio. En cada momento su mirada está
tendida hacia lo más lejano y en cada instante
está en la meta.
Es la vanidad misma, pero no para nosotros, para quienes se convierte en la cosa
más importante.
Deja que los niños se diviertan con ella,
que los necios se pongan por encima de ella,
y que miles de personas se den de bruces contra ella sin notar nada; pero de todos obtiene
su alegría y con todos hace sus cuentas.
A sus leyes se obedece incluso cuando
nos oponemos a ellas; se actúa con la naturaleza también cuando se quiere actuar contra
ella.
Todo lo que da lo transforma en beneficio propio, pues lo hace de antemano indispensable. Induce a que se la desee y huye
para que nunca se esté saciado de ella.
No tiene lenguaje ni discurso, pero crea
lenguas y corazones a través de los cuales
siente y habla. Su corona es el amor. Sólo mediante el amor nos acercamos a ella. Cava
abismos entre todos los seres, pero todos aspiran a reunirse. Lo ha aislado todo para reunirlo todo. Con un par de tragos de la copa
del amor recompensa el tormento de toda
una vida.
Lo es todo. Se premia y se castiga ella
misma. Se alegra y se atormenta. Es ruda y
dulce, amable y terrible, débil y omnipotente. Todo está siempre en ella. No conoce ni pasado ni futuro. El presente es su eternidad. Es
benévola. Y yo la alabo con todas sus obras.
Es sabia y silenciosa. No se le arranca ninguna explicación ni concede ningún regalo si no
es de forma voluntaria. Es astuta, pero con
buenos fines, y lo mejor es no darse cuenta de
su astucia. Es un todo, pero nunca está completa. Lo que hace hoy podrá hacerlo siempre.
A cada uno se le aparece de una forma
singular. Se esconde bajo mil nombres y términos, pero siempre es la misma.
Así como me ha sacado a escena, también me echará fuera. Pero confío en ella.
Puede hacer conmigo lo que quiera. No odiará su propia obra. No hablo yo de la naturaleza. No, ella ha dicho ya lo que es verdadero
y lo que es falso. Todo es culpa suya, todo es
mérito suyo
Lo que dijo Darwin sobre la traduccion hecha por Huxley de la rapsodia la naturaleza:
‘Lord, what a rhapsody that was of Goethe, but how well translated; it seemed to me, as I told Huxley, as if written by the maddest English scholar. It is poetry, and can I say anything more severe?’
Lo que dijo Darwin sobre la traduccion hecha por Huxley de la rapsodia la naturaleza:
‘Lord, what a rhapsody that was of Goethe, but how well translated; it seemed to me, as I told Huxley, as if written by the maddest English scholar. It is poetry, and can I say anything more severe?’
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